Cooperativismo y Desarrollo, enero-abril 2026; 14(1), e957

 

Artículo original

El ciclo Identificación-Puesta en Valor-Utilización en la contribución de la dimensión cultural al desarrollo local

 

The Identification-Enhancement-Utilization cycle in the contribution of the cultural dimension to local development

 

O ciclo de Identificação-Aprimoramento-Utilização na contribuição da dimensão cultural para o desenvolvimento local

 

Axel Polanco Noy1 0000-0003-1719-5716 axelita.87@gmail.com
Ginley Durán Castellón2 0000-0002-2540-5915 ginleyd@uclv.edu.cu
María Teresa Caballero Rivacoba1 0000-0001-6851-003X maria.caballero@reduc.edu.cu

1 Universidad de Camagüey "Ignacio Agramonte Loynaz". Cuba.
2 Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas. Cuba.

 

Recibido: 13/12/2025
Aceptado: 12/04/2026


RESUMEN

El estudio partió de la premisa de que la dimensión cultural es un sustrato transversal y constitutivo del desarrollo local, cuya contribución efectiva requiere un proceso de mediación gestionado por los actores del territorio. Para operacionalizar este proceso, se propuso y aplicó el ciclo Identificación-Puesta en Valor-Utilización en el municipio cubano de Guáimaro. El propósito de este artículo es exponer los fundamentos teórico- metodológicos que lo sustentan y analizar los resultados de su implementación. Mediante una metodología de investigación-acción participativa, se emplearon técnicas como: talleres de cartografía social, análisis colectivo del Valor Territorial Endógeno y del Índice de Potencialidad de Desarrollo, y construcción de matrices de alineamiento estratégico. Los resultados validaron la utilidad de este ciclo para convertir el capital simbólico-cultural en insumo para la Estrategia de Desarrollo Municipal. Sin embargo, también se identificaron limitaciones estructurales, principalmente la persistencia de un habitus economicista que filtra la identificación de activos culturales, y una fractura entre el saber comunitario y el técnico-gerencial que dificulta la integración programática final. Se concluyó que el ciclo Identificación-Puesta en Valor-Utilización es un modelo viable, pero su éxito trascendente depende de transformar las estructuras cognitivas e institucionales para fortalecer la agencia mediadora de los actores locales.

Palabras clave: actores; cultura; desarrollo local; agencia; estrategia municipal.


ABSTRACT

The study was based on the premise that cultural dimension is a transversal and constitutive substrate of local development, whose effective contribution requires a mediation process managed by local actors. To operationalize this process, the dialectical cycle of Identification, Enhancement and Utilization, was proposed and applied in the Cuban municipality of Guáimaro. The objective of this paper is to present the theorical and methodological foundations of this cycle and analyze the results of its implementation. Using a participatory action research methodology, techniques such as social cartography workshops, collective analysis of Endogenous Territorial Value and Development Potentiality Index, and the construction of strategic alignment matrices were employed. The results validated the cycle´s usefulness in converting symbolic-cultural capital into inputs for the development strategy. However structural limitations were also identified, primarily the persistence of an economistic habitus that filters the identification of assets and the fracture between community knowledge and technical-managerial knowledge, which hinders final programmatic integration. It was concluded that the Identification, Enhancement and Utilization cycle is a viable model, but its transcendent success depends on transforming cognitive and institutional structures to strengthen the mediating agency of local actors.

Keywords: actors; culture; local development; agency; municipal strategy.


RESUMO

Este estudo partiu da premissa de que a dimensão cultural é um elemento transversal e constitutivo do desenvolvimento local, cuja contribuição efetiva requer um processo de mediação gerido pelos atores locais. Para operacionalizar esse processo, o ciclo de Identificação-Valorização-Utilização foi proposto e aplicado no município cubano de Guáimaro. O objetivo deste artigo é apresentar os fundamentos teóricos e metodológicos que sustentam esse ciclo e analisar os resultados de sua implementação. Utilizando uma metodologia de pesquisa-ação participativa, foram empregadas técnicas como oficinas de mapeamento social, análise coletiva do Valor Territorial Endógeno e do Índice de Potencial de Desenvolvimento, e a construção de matrizes de alinhamento estratégico. Os resultados validaram a utilidade desse ciclo para transformar o capital simbólico-cultural em insumo para a Estratégia Municipal de Desenvolvimento. Contudo, também foram identificadas limitações estruturais, principalmente a persistência de uma mentalidade econômica que filtra a identificação de bens culturais e uma desconexão entre o conhecimento comunitário e o conhecimento técnico-gerencial que dificulta a integração programática final. Concluiu-se que o ciclo de Identificação-Valorização-Utilização é um modelo viável, mas seu sucesso duradouro depende da transformação das estruturas cognitivas e institucionais para fortalecer a capacidade de mediação dos atores locais.

Palavras-chave: atores; cultura; desenvolvimento local; capacidade de mediação; estratégia municipal.


 

INTRODUCCIÓN

El desarrollo local se configura como un escenario resultante de la interacción entre elementos sociales, históricos, culturales y ambientales, de acuerdo con un colectivo de autores del Centro de Estudios Comunitarios de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas (2016). Esta interacción genera un entramado de actores portadores de una identidad colectiva (valores y normas) y de un sistema de relaciones orientado a un proyecto común. La ausencia o debilidad de la agencia de estos actores limita la capacidad del desarrollo local para alcanzar objetivos de bienestar común.

En Cuba, el desarrollo local (DL) se ha consolidado como un eje central de la agenda pública a partir del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030. El Decreto 33/2021 (Consejo de Ministros, 2021) lo define como un proceso endógeno, participativo, innovador y orientado a la articulación de intereses entre actores, territorios y escalas en sus dimensiones económica, ambiental, sociocultural e institucional. Para ser transformador y sostenible, el DL debe reconocer y potenciar la realidad específica de cada territorio -sus creencias, aspiraciones, conocimientos y formas de vida-, lo que remite a la dimensión cultural del desarrollo

La primera Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales estableció la base para entender la cultura como eje transversal a todo proceso de desarrollo. Más de cuatro décadas después, permanece vigente el reconocimiento de la dimensión cultural como el contexto de valores, subjetividades y aptitudes sobre el que los procesos de desarrollo tienen lugar (Unesco, 2022). No obstante, persiste una hegemonía economicista que reduce a los actores a receptores pasivos y limita su participación. Frente a ello, se requiere adaptar modelos, programas y proyectos al entorno natural y cultural, así como a las necesidades y aspiraciones de las poblaciones. Y asumir en términos prácticos que la dimensión cultural representa el sustrato axiológico y cognitivo sobre la cual se edifican y adquieren significado las estrategias de desarrollo local.

Su contribución en estas es instrumental, constructiva y dinamizadora. Acorde con esta línea de pensamiento, la dimensión cultural se concibe como el conjunto de mediaciones (Centro de Estudios Comunitarios de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, 2016) que, a tono con los diversos modos de ser, hacer, tener y estar de una comunidad, le permite asegurar su autoabastecimiento alimentario, gestionar su hábitat, relacionarse amigablemente con su entorno natural, afrontar el cambio climático, aprovechar sosteniblemente sus recursos endógenos, o adoptar nuevas tecnologías e innovar.

Desde esta perspectiva, la contribución de la dimensión cultural al desarrollo local se define como el proceso de articulación entre la potencialidad contenida en la mediación y los componentes prácticos de la Estrategia de Desarrollo Municipal (EDM) (Guzón Camporredondo, 2023). Esta no logra realizarse si los actores locales -gobiernos, empresas, líderes comunitarios-, no tienen las herramientas para ejercer la mediación cultural. Hablar de desarrollo local hoy, exige pensar desde, en, entre y para el contexto. Aunque el marco normativo del DL en Cuba ofrece posibilidades para el despliegue de la dimensión cultural en de la EDM, su tratamiento teórico-metodológico es insuficiente.

El abordaje de la dimensión cultural como hecho social en sí, su aporte al proceso y el aprovechamiento de las potencialidades de la cultura, se encuentra aún disperso (Olazabal Arrabal et al., 2022). No hay referentes que evidencien el tratamiento del rol de los actores en la gestión del potencial endógeno desde la habilitación de su agencia gerencial (Giddens, 1985) para identificar, poner en valor y utilizar estratégicamente el capital simbólico-cultural del territorio.

Para sustentar este concepto, se recurre a la teoría de los capitales de Bourdieu (1990), quien distingue entre capital económico, cultural, social y simbólico. El capital simbólico-cultural se entiende aquí como la combinación de capital cultural objetivado (bienes, prácticas, saberes) y capital simbólico (prestigio, reconocimiento, identidad), ambos anclados en el territorio y susceptibles de ser movilizados para el desarrollo. En el contexto del municipio Guáimaro, este tipo de capital se manifiesta en:

La investigación realizada se enmarca en este territorio, cuyos recursos culturales, en tanto mediaciones, pueden articularse en la EDM a través del ciclo Identificación-Puesta en Valor-Utilización (IPVU), constituyéndose este, en el proceso dialéctico sobre el cual se sustenta la contribución de la dimensión cultural al desarrollo local. El objetivo de este artículo es exponer los fundamentos teóricos y metodológicos que respaldan este ciclo, y los resultados de su aplicación en el municipio referido.

 

MATERIALES Y MÉTODOS

La estrategia metodológica general se basó en la Investigación-Acción Participativa (Rocha Torres, 2016), lo que permitió analizar, facilitar y observar in situ el proceso dialéctico de mediación cultural, al promover la coproducción de conocimientos entre investigadores y actores locales. La recolección de la información se organizó en tres momentos secuenciales, correspondientes a cada fase del ciclo IPVU. Se empleó una triangulación de técnicas para garantizar la validez y profundidad de los datos.

  1. Fase de Identificación: el objetivo fue facilitar la externalización (Berger & Luckmann, 1966). Las técnicas empleadas fueron:
  2. Fase de Puesta en Valor: el objetivo fue operacionalizar la objetivación y legitimación social de los activos culturales, evaluando su potencial para el desarrollo. Se empleó el Taller de Análisis participativo del Valor Territorial Endógeno (VTE) y del Índice de Potencialidad de Desarrollo (IPD): con un subgrupo de 18 actores del taller inicial (incluyendo técnicos y portadores de saber), se analizaron dos activos seleccionados como casos emblemáticos: la "Cremita de leche de Cascorro" y la "Feria Agropecuaria de Guáimaro". Se utilizó la tabla 1 (presentada en el apartado de resultados) como guía para la discusión grupal y la evaluación cualitativa de cada dimensión.
  3. Fase de Utilización: el objetivo fue facilitar el proceso de internalización institucionalizante, es decir, la traducción de los activos valorizados en insumos para la EDM. Las técnicas empleadas fueron:

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

El ciclo IPVU es un recorrido secuencial y dialéctico, a través del cual, la mediación cultural pasa de ser una potencialidad abstracta, a convertirse en un insumo operativo para la EDM. Se desglosa en tres etapas interdependientes: i) Identificación: corresponde al diagnóstico y cartografiado de los activos culturales; ii) Puesta en Valor: implica el análisis situacional del objeto cultural mediante su VTE y su IPD; iii) Utilización: vinculación con las prioridades locales e integración en la EDM. A continuación, se exponen los referentes teóricos y metodológicos que sustentan cada etapa, resultado de la revisión y análisis de la literatura especializada correspondiente a la sociología de la cultura y del desarrollo, y a la gestión del desarrollo territorial.

La obra fundacional de Berger y Luckmann (1966) se aproxima a los procesos de construcción de la realidad partiendo de las bases del conocimiento de la vida cotidiana para abordar la interpretación de la sociedad en su doble dimensión objetiva y subjetiva. Desde el marco planteado por los autores, la realidad social se configura a través de un proceso dialéctico de externalización, objetivación e internalización. Esta perspectiva proporciona el fundamento teórico para comprender el escenario de la triada operativa IPVU.

La fase de Identificación corresponde al momento de externalización. Aquí los actores, a través del lenguaje, las interacciones y las prácticas de gestión local, hacen visible y explícito los activos culturales del territorio. Con sus saberes, memorias y valores, son los sujetos centrales que dialogan, negocian y acuerdan qué elementos de su entorno material e inmaterial son portadores de valor cultural y, por tanto, constituyen un potencial para el desarrollo (Chávez Plazas et al., 2021). O sea, un conjunto de recursos dinámicos que pueden ser movilizados en función de objetivos económicos y no económicos (Olazabal Arrabal et al., 2022).

La traducción de estos supuestos en una metodología concreta, implica desplegar técnicas que materialicen la construcción participativa de los activos culturales. Por ejemplo, la cartografía colectiva: consiste en la selección, clasificación y caracterización colaborativa de bienes, prácticas y saberes. Esto incluye monumentos y sitios históricos, paisajes culturales, técnicas artesanales, relatos orales, festividades, artes del espectáculo, usos sociales, conocimientos y usos relacionados con la naturaleza, etc. (Unesco, 2022). El proceso de mapeo e inventario de mediaciones, es un acto de reconocimiento y valoración colectiva.

Se trata de identificar no solo las instituciones culturales formales, sino a los portadores de saberes tradicionales, las redes informales de solidaridad o a los guardianes de la memoria histórica del barrio o el municipio. Además, documentar símbolos identitarios compartidos (ej.: la historia de la localidad, un cultivo tradicional, una figura histórica), los sistemas de valores predominantes (cooperación vs. individualismo, relación con la naturaleza), y los espacios de socialización clave.

La interpretación y síntesis colaborativa como herramienta para analizar la información recogida, es un espacio de diálogo de saberes (Marín González & Carrera, 2023). El conocimiento experto (por ejemplo, en gestión de itinerarios y rutas culturales) y el conocimiento local, se encuentran para coproducir una visión compartida del patrimonio territorial, que servirá de base para la siguiente fase. En síntesis, la etapa de Identificación es un proceso mediante el cual una comunidad se reconoce a sí misma en su diversidad y complejidad, construyendo el sustrato simbólico y material sobre el cual proyectar su desarrollo.

La Puesta en Valor constituye un proceso crítico de legitimación social y traducción estratégica de los activos culturales identificados. No se limita a la simple catalogación, sino que transforma estos objetos en componentes legítimos y estratégicos para el desarrollo local. Esta fase corresponde a la objetivación en la perspectiva constructivista enunciada. Es decir, que los bienes, las prácticas y los saberes, se convierten en objetos compartidos dentro de la comunidad; de este modo adquieren una facticidad propia (Berger & Luckmann, 1966).

Los activos objetivados experimentan un proceso de legitimación, desde el cual se construye un consenso social compartido en torno a su valor y significado, lo que supone su posterior integración en el marco institucional y estratégico del territorio. Como resultado de este paso, ocurre una internalización primaria, donde los activos legitimados se incorporan a la conciencia social de los actores. No es un proceso lineal sino dialéctico, la realidad subjetiva de la comunidad (internalización) y la realidad objetiva de las instituciones (objetivación) se retroalimentan constantemente, reconstruyendo el valor cultural local.

Para operacionalizar la Puesta en Valor se propone una metodología centrada en el análisis situacional del activo, basada en dos conceptos cardinales: el Valor Territorial Endógeno1 (VTE) y el Índice de Potencialidad de Desarrollo2 (IPD). Este análisis puede estructurarse mediante un taller participativo que congregue a técnicos, autoridades locales, líderes comunitarios y otros actores claves. Su objetivo es valorar colectivamente el activo cultural a partir de componentes y criterios definidos por dimensiones establecidas para cada uno. La siguiente tabla esquematiza el núcleo de análisis.

Tabla 1. Esquema de análisis del VTE y del IPD

Concepto de análisis

Dimensiones clave para el Análisis Participativo

Preguntas guía para el Grupo de Trabajo

Valor Territorial Endógeno

  • Simbólico-identitario (Componente: condicionamiento genético)
    • Arraigo en la memoria e identidad local

¿En qué medida este activo nos representa como comunidad? ¿Está vinculado a nuestras historias fundacionales?

  • Socio-relacional (Componente: apropiación comunitaria)
    • Capacidad de fortalecer el tejido social y la cohesión comunitaria

¿Este activo nos une? ¿Fomenta la colaboración y el sentido de pertenencia?

  • Cognitivo (Componente: transversalidad)
    • Contenido de saberes tradicionales y destrezas locales

¿Qué conocimientos ancestrales o singulares contiene este activo? ¿Quiénes son sus portadores?

Índice de Potencialidad de desarrollo

  • Económico (Criterio: complementariedad funcional)
    • Potencial de generación de medios de vida, productos o servicios

¿Puede crear empleo o ingresos? ¿Existe un mercado para productos o experiencia vinculado a él?

  • Socio-ambiental (Criterio: vulnerabilidad)
    • Contribución a la sostenibilidad ambiental y riesgo de desaparición del recurso

¿Su promoción cuida el entorno? ¿Mejora nuestro bienestar? ¿Qué riesgos de desaparición o modificación tiene el recurso?

  • Político-institucional (Criterio: sostenibilidad comunitaria)
    • Condición de involucramiento de los sujetos vinculados al recurso
    • Reconocimiento y apoyo por parte de autoridades y organizaciones locales

¿Las políticas e instituciones locales apoyan el desarrollo de este activo?

Fuente: Elaboración propia

A partir de la discusión grupal y la evaluación cualitativa de estas dimensiones, el activo cultural podrá ser posicionado en un continuum de IPD que irá desde Potencial Latente (VTE alto pero baja articulación actual) hasta Motor Estratégico (VTE alto y alta viabilidad para desencadenar procesos de desarrollo). Esta clasificación informará directamente el diseño de proyectos, priorizando la intervención sobre aquellos activos con mayor potencialidad transformadora.

La Investigación-Acción Participativa como propuesta epistemológica central favorece la "construcción social de conocimientos que apunta a la transformación" (Rocha Torres, 2016, p. 34) al trabajar con grupos diversos, asociaciones y representantes institucionales. Aquí resultan adecuadas técnicas como los mapas sociales, talleres temáticos o mesas de trabajo multi-actor. Los cuales facilitan el análisis del VTE y el IPD al permitir la representación espacial y simbólica del activo, visibilizando su ubicación y relacionamiento con otros elementos tangibles, así como valores asociados y emociones (Bonfá Neto & Suzuki, 2023).

Son espacios idóneos para la traducción estratégica del activo, permiten un debate profundo sobre las distintas dimensiones, y converger hacia una visión compartida del potencial del activo (Álvarez Larrain et al., 2022), así como las acciones necesarias para su puesta en valor (Piñeiro Alonso et al., 2023). Al congregar a portadores de saber, técnicos y funcionarios locales, se produce un diálogo que conduce a la generación de ideas de proyectos culturalmente significativos y administrativamente viables. No obstante, la articulación de las mediaciones culturales con el desarrollo local, requiere un lenguaje puente que se construye desde la formación (Costamagna & Larrea Aranguren, 2017).

La fase de Utilización representa el momento de internalización institucionalizante del activo cultural. Tras su identificación -externalización primaria- y puesta en valor -objetivación-, este proceso culmina cuando el activo se incorpora estratégicamente a las estructuras y dinámicas formales de planificación, implementación y evaluación del desarrollo local. Más que un final, se trata del inicio de un nuevo ciclo de reproducción y transformación social mediado por la dimensión cultural. La institucionalización surge de la tipificación recíproca de acciones habitualizadas que, al objetivarse, adquieren una facticidad propia (Berger & Luckmann, 1966).

En el contexto municipal, esto se materializa en dos acciones concatenadas:

  1. La vinculación con las prioridades locales.
  2. La integración en los componentes prácticos (Guzón Camporredondo, 2023) de la EDM.

La operacionalización de esta fase presupone dos etapas metodológicas basadas en talleres de trabajo técnico-político con la diversidad de actores locales residentes.

Etapa 1. Vinculación estratégica: establecer conexiones explícitas y medibles entre el activo cultural y los componentes fundamentales de la EDM (Tabla 2).

Tabla 2. Herramienta: Matriz de Alineamiento Estratégico-Cultural

Procedimiento

1. En una matriz se listan en la columna izquierda los activos culturales valorizados (ej.: técnica talabartera tradicional; fiesta patronal)

2. En la fila superior, se listan los ejes y objetivos estratégicos del municipio (ej.: Económico-productivo: Dinamizar la actividad ganadera)

3. De manera participativa, los actores analizan y consensuan cómo cada activo puede contribuir a cada objetivo. Se define así una ruta de contribución concreta (ej.: La técnica talabartera contribuye a reactivar la economía local mediante la creación de una marca territorial y talleres de emprendimiento para jóvenes)

Fuente: Elaboración propia

Etapa 2. Integración programática: incorporar el activo cultural y su "ruta de contribución" en los instrumentos de gestión del desarrollo (Tabla 3).

Tabla 3. Herramienta: Ficha técnico-proyectiva del activo cultural

Procedimiento

1. Partiendo de la Matriz de alineamiento, se seleccionan las contribuciones de mayor potencial

2. Para cada una se elabora colectivamente una ficha de oportunidades

3. Estas fichas se integran formalmente en los planes operativos anuales del gobierno3

Fuente: Elaboración propia

La aplicación del ciclo IPVU con actores locales de Guáimaro, permitió constatar potencialidades estructurantes y limitaciones estructurales para la constitución de un habitus gerencial orientado a la mediación cultural. La fase de Identificación, se reveló como un momento fundacional, donde la comunidad se reconoció a sí misma como sujeto de su propio desarrollo. La principal potencialidad radica en que logró operar como un dispositivo de habilitación agencial. El hecho de facilitar la externalización colectiva de elementos culturales como la cremita de Cascorro, la Conga La Victoria o los saberes del ordeño, activó la capacidad reflexiva de los actores sobre su propio Sistema Cultural (Archer, 1996).

Este proceso dio lugar a la conversión de un capital cultural incorporado -tácito, vivencial- en un capital cultural objetivado y, por tanto, susceptible de ser discutido, negociado y eventualmente institucionalizado. Otra potencialidad significativa, es la deconstrucción de la hegemonía folclorista. El hecho de que los actores reconocieran sistemas productivos (ganadería), prácticas de gestión del hábitat (arquitectura vernácula) y conocimientos técnicos (ordeño) como núcleos culturales, evidencia una grieta, positiva, en la visión sectorial de lo cultural. Esto sugiere la construcción de un habitus capaz de percibir la cultura como matriz de relaciones y no como sector estanco; lo que potencia una comprensión más compleja y estratégica de su vínculo con el desarrollo local.

Se develaron limitaciones arraigadas en las estructuras cognitivas e institucionales preexistentes. La más reveladora es la persistencia de un habitus economicista que actúa como un filtro en la externalización. Si bien se identificaron activos con alta densidad simbólica, la discusión reveló una dificultad para externalizar con la misma contundencia, las mediaciones culturales intangibles que estructuran la acción colectiva: los sistemas de confianza, los estilos de liderazgo comunitario o los protocolos informales de resolución de conflictos. Esto indica una externalización incompleta y sesgada hacia lo material y lo festivo, que reproduce, en el mismo acto de identificación, la mirada instrumental que se busca superar.

La fase de Identificación, por sí sola, carece de la capacidad para generar una síntesis metodológica entre el conocimiento experiencial y el técnico-gerencial. Ello se evidencia en la fragmentación del diálogo de saberes: mientras los portadores de tradición detallan el saber práctico (el proceso a vapor que da el sabor único a la cremita de Cascorro), el conocimiento experto en gestión, no interviene para sistematizar esta información en una ficha técnica o proyecto viable. El diálogo se mantiene en el plano anecdótico, sin que emerja una traducción estratégica. He aquí la importancia de las fases subsiguientes: Puesta en Valor y Utilización.

Para Poner en Valor y Utilizar los activos culturales Feria Agropecuaria de Guáimaro y Cremita de leche de Cascorro, se recurrió al uso de tres herramientas:

  1. Análisis del Valor Territorial Endógeno y del Índice de Potencialidad de Desarrollo
  2. Mapeo de actores claves vinculados al recurso cultural
  3. Matriz de correlación del recurso cultural con componentes de la EDM

La primera permitió registrar la narrativa social en torno al recurso cultural y valorar su relevancia social. En el caso del recurso cultural Cremita de Leche de Cascorro, su VTE fue valorado como ALTO, al igual que su IPD. Lo que prueba su capacidad para contribuir al desarrollo local, aún sin recibir acciones movilizativas o incentivos económico-financieros. En cambio, el Valor Territorial Endógeno de la Feria Agropecuaria, se calificó en Alto, mientras el componente Apropiación comunitaria fue calificado de Medio. Esto refleja el deterioro y las modificaciones que ha tenido la tradición, así como el bajo nivel de involucramiento de los sujetos. Ello es coherente con un IPD valorado de Bajo.

El proceso de Puesta en Valor permitió a los actores transformar percepciones subjetivas en realidades objetivas compartidas, sobre el valor de sus activos culturales. Las narrativas sociales elaboradas, constituyen la evidencia empírica que permite observar el proceso dialéctico de objetivación descrito por Berger y Luckmann (1966). En el caso de la Cremita de leche de Cascorro, se articula su origen histórico ("años 70 del siglo XX"), su base material ("leche y azúcar"), su vínculo con la estructura productiva ("actividad ganadera fundamental") y su mecanismo de reproducción ("se transmite de generación en generación"). Esta construcción discursiva compartida, otorga al recurso una facticidad propia como objeto cultural.

El reconocimiento unánime de su carácter "nutritivo", "único" e "identitario", indica una internalización profunda en el habitus colectivo los actores no solo describen la cremita, sino que encarnan su valor. Por contraste, la Feria Agropecuaria revela una objetivación conflictiva e incompleta. Aunque se reconoce su valor histórico y simbólico ("referente del municipio"), las narrativas destacan su "deterioro gradual", el "desinterés de la población joven" y el "escaso involucramiento" de los sujetos. Mientras el Sistema Cultural valora la Feria como tradición, el Sistema Sociocultural evidencia distanciamiento y conflicto en las interacciones actuales.

La paradoja de un VTE Alto con un IPD Bajo, expresa una tensión: la comunidad objetiviza el valor potencial del activo, pero no logra construir consenso sobre su viabilidad en el contexto actual. La dimensión temporal emerge como factor crítico: mientras la cremita muestra una evolución adaptativa ("los métodos de fabricación han evolucionado") que garantiza su reproducción, la Feria evidencia una pérdida de densidad histórica su significado se ancla en el pasado ("personalidades notables", "costumbres tradicionales"); sin lograr reconectarse con las prácticas y valores del presente. Esta diferencia explica la brecha en sus potencialidades de desarrollo: un activo cultural requiere no solo ser objetivado como valioso, sino también como viable y significativo para la agencia contemporánea.

Desde lo metodológico, la herramienta VTE/IPD actúa como un catalizador de la valoración colectiva y multidimensional de los activos. La distinción analítica entre valor endógeno y potencialidad de desarrollo, permitió capturar la complejidad del proceso de legitimación evitando reduccionismos economicistas. También facilitó una externalización reflexiva de las condiciones de reproducción de los activos analizados. Los participantes lograron explicitar riesgos ("pérdida de sentido", "desinterés juvenil") y mecanismos de transmisión. Esta comprensión procesual de su cultura, permite a los actores visibilizar circuitos virtuosos de valorización cultural-económica que pueden ser potenciados.

La principal limitación metodológica de la Puesta en Valor, radica en la incapacidad para superar ciertas fracturas en la elaboración sociocultural. En el caso de la Feria, se pudo diagnosticar el problema (bajo involucramiento, conflicto), pero no se generaron mecanismos para recomponer el diálogo de saberes necesario para su revitalización; se requieren dispositivos específicos para abordar conflictos y resistencias. Existe el riesgo de que la objetivación técnica suplante o distorsione los procesos de legitimación social auténticos. Frente a ello, es indispensable la construcción de modelos de gestión culturalmente situados, en el que lo técnico opere al servicio de la significación social, no a la inversa.

La metodología empleada privilegia la evaluación del estado actual pero ofrece pocos recursos para proyectar futuros compartidos, o para activar la capacidad de transformar creativamente las tradiciones dotándolas de nuevo sentido en contextos cambiantes (lo que Margaret Archer llamaría morfogénesis cultural). De allí, la pertinencia de la fase Utilización, para que los activos culturales transiten de recursos reconocidos, valorizados y legitimados colectivamente, a componentes operativos dentro de la EDM. Como primer hallazgo, se verifica que la Vinculación Estratégica e Integración Programática, precisan una traducción entre el conocimiento tácito y el especializado, a fin de construir el puente entre la ruta de contribución y la ficha de oportunidades.

La práctica indica que la institucionalización exitosa requiere "un conocimiento especializado que nos hace falta" y que "ciertos aspectos de la estrategia y de su gestión hay que estudiarlos" (transcripción del taller 12.06.2025). La alineación de la "Feria Agropecuaria de Guáimaro con líneas estratégicas como la dinamización productivo-financiera", y la "transformación de la Cremita de leche de Cascorro de producto local a un componente catalizador del desarrollo humano" (herramienta: matriz de correlación recurso cultural-componente de la EDM); demandan estructuras participativas. Estas funcionan como espacios de colaboración social (Alonso Freyre & Díaz Hurtado, 2022) donde diversos actores participan en la creación de cada ruta de contribución.

El mapeo de actores claves vinculados al recurso cremita y Feria, reveló un ecosistema complejo de poder que tiene un rol determinante en la vinculación estratégica del activo cultural (Tabla 4).

Tabla 4. Mapa de actores claves vinculados al recurso cultural

Recurso cultural

Grado de influencia / actores locales

Alta

Media

Baja

Cremita de Leche de Cascorro

Población; Fábrica de Cremitas; productores de leche

Empresa Agropecuaria Rectángulo

Gobierno Municipal

Feria Agropecuaria de Guáimaro

Empresa Agropecuaria Rectángulo; Delegación Municipal del Ministerio de la Agricultura; Unidad Empresarial de Base “La Feria”; Equipo de Rodeo; bases productivas4

Sectorial de Cultura

Gobierno Municipal

Fuente: Elaboración propia

Para la cremita de Cascorro, se constata una estructura bottom-up emergente, donde la influencia estratégica reside predominantemente en actores de base (recuadro de influencia Alta), mientras el gobierno municipal aparece con influencia Baja. Esta configuración sugiere un proceso de institucionalización paralela que, si bien refleja una apropiación comunitaria sólida, plantea serios desafíos para su integración en la estructura formal de la EDM.

Por el contrario, la Feria Agropecuaria presenta una estructura top-down tradicional, con alta influencia concentrada en actores institucionales, lo que paradójicamente coexiste con su deterioro, documentado en la fase Puesta en Valor. Ello sugiere una institucionalización vacía, desconectada de la agencia comunitaria. La distribución de influencia en ambos casos, demuestra que el potencial de la fase Utilización, emerge de la interacción entre los actores mapeados; donde cada uno puede y debe, contribuir con conocimientos y perspectivas distintas.

En la vinculación estratégica, se identifica una fisura entre el reconocimiento programático y la integración política. Ambos recursos culturales, muestran Alta vinculación con líneas estratégicas de desarrollo humano y productivo, lo que prueba que los actores lograron efectuar la "traducción al lenguaje de la planificación" requerida. Sin embargo, la valoración consistentemente "Baja", en la conexión con las políticas locales, revela un déficit de mediación política: los recursos son reconocidos como valiosos, pero no logran traducirse en marcos regulatorios, incentivos o asignaciones presupuestarias específicas.

Esta disociación expresa lo que Archer (1996) identificaría como una falla en la elaboración sistémica: mientras el Sistema Cultural valora los recursos, el Sistema Sociocultural no genera los mecanismos para su incorporación efectiva. La identificación de ámbitos de articulación ("turismo", "gastronomía", "comercio electrónico") evidencia una internalización de potencialidades trasversales. No obstante, estos vínculos explícitos entre potencialidad y objetivos de desarrollo del municipio, no se materializan en las fichas técnico-proyectivas, debido a la ausencia de las mencionadas estructuras participativas de conocimiento especializado (Tabla 5).

Tabla 5. Vinculaciones estratégicas de los activos culturales con áreas de desarrollo del municipio

Activo cultural

Vinculaciones estratégicas

Ámbitos de Desarrollo

Cremita de leche de Cascorro

Dinamización productivo-financiera del sistema agroalimentario local; Comercio exterior, inversión extranjera y sustitución de importaciones

Turismo; Gastronomía; Gestión cultural; Agricultura; Comercio electrónico

Feria Agropecuaria de Guáimaro

Dinamización productivo-financiera del sistema agroalimentario local; Desarrollo Humano Local

Agricultura; Gestión cultural; Turismo; Gastronomía; Ruralidad/urbanismo; Educación; Comercio electrónico

Fuente: Elaboración propia

La fase Utilización exhibe un potencial diagnóstico considerable, a través de su capacidad para identificar enlaces estratégicos entre los activos culturales y las prioridades de desarrollo. Si bien se logró externalizar el mapa de tensiones y posibilidades para la posterior institucionalización mediante el mapeo de actores, este instrumento no logra superar las asimetrías estructurales en la gobernanza del desarrollo local que presenta Guáimaro. Se requieren herramientas específicas de mediación institucional que permitan abordar las brechas de influencia, las desconexiones políticas identificadas, la inercia institucional y la fragmentación sectorial.

La trascendencia del estudio, radica en dos aportes fundamentales:

  1. Provee un modelo procesual concreto que puede ser adaptado y replicado en otros municipios, ofreciendo herramientas prácticas (cartografía social, análisis VTE/IPD, matrices de alineamiento) para superar el tratamiento teórico limitado e insuficiente de la dimensión cultural en las Estrategias de Desarrollo Municipal.
  2. Demuestra que la clave de un desarrollo local transformador no está solo en reconocer los recursos culturales; sino en construir la capacidad de agencia gerencial de los actores para ejercer la mediación cultural. Esto implica formar actores facilitadores que puedan navegar entre los sistemas simbólicos de la comunidad y los sistemas administrativos de la planificación.

El ciclo IPVU se revela como una vía para dotar de sentido y sostenibilidad a las estrategias de desarrollo, siempre que su aplicación se acompañe de un esfuerzo deliberado por transformar las estructuras cognitivas e institucionales que aún subordinan lo cultural a una lógica instrumental. El éxito dependerá de la capacidad de institucionalizar no solo los activos culturales, sino, sobre todo, los espacios y métodos de colaboración social, que permitan cerrar la brecha entre la valoración comunitaria y la acción política concertada.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Notas

1 El VTE: integra la importancia única de un recurso que puede manifestarse como un bien, una práctica o un conocimiento arraigado en un territorio específico, derivado de su relación histórica, cultural y ecológica con la comunidad que lo sustenta. Su relevancia se mide a través de tres componentes interconectados: condicionamiento genético, apropiación comunitaria y transversalidad. Este concepto se inspira en el de Valor Universal Excepcional de la UNESCO, Mientras el VUE prioriza la relevancia global y la conservación estandarizada, el VTE enfatiza la relación local entre comunidad, territorio y recurso, reconociendo su dinamismo y adaptabilidad.

2 El IPD es un instrumento multicriterio para evaluar la capacidad de un recurso cultural para contribuir al desarrollo integral de un territorio. Integra principios del desarrollo endógeno y comunitario (uso de activos locales en marcos de participación y cooperación), competitividad territorial (sinergias entre capital humano, social y productivo) y talento local (habilidades y conocimientos arraigados).

3 Para Cuba, esto se traduce en el análisis estratégico previo a la elaboración de la estrategia o su actualización anual. Puede ser incorporado en los planes de la economía y del presupuesto del estado.

4 Se refiere a Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y Cooperativas de Crédito y Servicio (CCS).

 

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener conflictos de intereses.

 

Contribución de los autores

Axel Polanco Noy: Conceptualización, recogida y procesamiento de datos, investigación y redacción. Borrador original. Redacción, revisión y edición.

Ginley Durán Castellón y María Teresa Caballero Rivacoba: Revisión crítica del contenido referido a la contribución de la dimensión cultural al desarrollo local y el ciclo IPVU propuesto.

Todos los autores revisaron la redacción del manuscrito y aprueban la versión finalmente remitida.

 


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